Los mexicanos siguieron con atención la
reciente visita de su presidente a España y pudieron comprobar
cómo Felipe Calderón recibió en Madrid un trato
reservado a los más poderosos Jefes de Estado. Los Reyes,
José Luis Rodríguez Zapatero y la elite del sector
empresarial y financiero agasajaron al mandatario con la vista
puesta en las atractivas posibilidades de negocio que se abren en
México. Calderón aprovechó la ocasión para exhibir los avances de
su Gobierno en la lucha contra el narcotráfico, pero, sobre todo,
para promover su plan de reformas económica, que incluye la
apertura del sector petrolero, actualmente en discusión en el
Congreso.
Pero el exquisito recibimiento del que disfrutó el presidente
mexicano incendió la polémica en su país. El líder izquierdista
Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO,
que no reconoce la legitimidad del triunfo electoral de Calderón,
manifestó: “Si al espurio Calderón le han puesto alfombra roja y
dado muchos aplausos y abrazos en España se debe a que es como el
virrey que llega a informarle al rey. Es como un vasallo de la
corona, por eso lo tratan bien, porque les ha dado muchos
beneficios”. Según señala el analista Ricardo Alemán
en un artículo publicado en el diario El Universal
de México, López Obrador obstaculizó el trabajo de las
empresas españolas en la capital del país entre los años 2000 y
2005, y, más tarde, desairó a los representantes del grupo Prisa
en el país cuando era candidato a la presidencia. Tras su derrota,
López Obrador habría identificado al empresariado español,
especialmente el dedicado a la energía y el truismo, con su odiado
adversario, Calderón. Además, enarbolar la bandera contra los
nuevos conquistadores podría ser rentable electoralmente para el
AMLO de cara a las elecciones legislativas de 2009.
Sin embargo, como prueba de la
controversia que padece este país latinoamericano, Jesús
González, profesor de Derecho en la Universidad Nacional
Autónoma de México, también en El Universal, denunció “la
multiplicación de contratistas españoles acogidos por
recomendación directa del rey Juan Carlos”. Como
ejemplo, apunta a la licitación para la construcción del tren
rápido de Buenavista a Cuautlitlán, que había ganado una empresa
anglofrancesa, que fue reasignada a la firma española CAF tras una
llamada del Rey al ex presidente Vicente Fox.
“Catorce de los más importantes aeropuertos mexicanos han sido
cedidos para su explotación a la empresa española Aeropuertos del
Pacífico, que no sólo no ha invertido un quinto en ellos (ver el
de Guadalajara y Tijuana) sino, incluso, ha perseguido y agredido
a locatarios mexicanos para sustituirlos por extranjeros. Esta
será seguramente la línea si logran meter más a Repsol en los
contratos y privatización de PEMEX”, opinó González.
La entrada de Repsol YPF
La fobia a lo español tiene que ver
también con la confianza que Calderón ha depositado en
Juan Camilo Mouriño y Antonio Sola.
Mouriño, secretario de Gobernación y mano derecha del presidente,
es hijo de un empresario gallego y su origen estuvo a punto de
costarle la posibilidad de entrar en el Ejecutivo. Por su parte,
Sola fue su el asesor más destacado de Calderón en la pasada
campaña electoral, y se le atribuye el haber acuñado un lema que
la izquierda no le perdona: "AMLO es un peligro para México”.
Sola, que también asesoró a Mariano Rajoy en las
pasadas elecciones, trabaja ahora, a través de la empresa Ostos &
Sola, de la que es socio fundador, como ‘embajador’ de Calderón en
Madrid captando inversiones de las empresas españolas y
promocionando las políticas del Gobierno mexicano.
No obstante, si algo preocupa a la
izquierda mexicana es el estatus de la petrolera estatal PEMEX.
Calderón pretende que PEMEX pueda contratar los servicios de
empresas privadas, como Repsol YPF, para llevar a cabo la
construcción de refinerías y oleoductos en el país que mejoren la
competitividad del sector petrolero en México. Este proyecto es
objeto de una dura discusión en el Congreso mexicano, ya que la
oposición teme que la reforma abra la puerta a la privatización de
PEMEX y de los recursos estatales. Precisamente, unas palabras de
Calderón en Madrid sobre el debate energético resonaron en México
como un ataque al trabajo de los senadores, y el presidente tuvo
que retractarse al día siguiente afirmando que no se trataba de un
reproche, sino “un franco reconocimiento a la pluralidad del
Congreso”.